En 1997 fue lanzado The Curse of Monkey Island, la tercera entrega de la saga y la primera tras la salida de Ron Gilbert de Lucas Arts.

La saga abandona por primera vez la búsqueda de un gran tesoro y se centra romper una maldición que el propio Guybrush ha provocado. Todo comienza con nuestro protagonista llegando por casualidad a la Isla Plunder tras su fallida búsqueda del Big Whoop. Tras pasar varios días a la deriva en alta mar, Guybrush llega a aguas de la isla, que está siendo asediada por LeChuck. Guybrush sube a uno de los barcos atacantes y se lleva un anillo de la bodega, que acaba regalando a Elaine. Para su desgracia, el anillo está maldito y convierte a Elaine en una estatua de oro macizo. La aventura nos llevará, como es habitual, a recorrer diferentes islas a lo largo de cinco capítulos, donde tendremos que averiguar cómo deshacer la maldición al mismo tiempo que desbaratamos los planes de LeChuck.

Puerto Pollo en The Curse of Monkey Island
La Isla Plunder es nuestro punto de partida.



El estilo artístico de la discordia

Lo más llamativo de The Curse of Monkey Island es su apartado artístico, que rompió con la estética pixel art de los dos primeros títulos. En esta entrega nos encontramos con un estilo cartoon, llamativos coloridos, escenarios expresionistas sin líneas rectas y estilizados personajes. Guybrush pasó de tener una proporciones más o menos normales a ser un enclenque largirucho, lo que desató la polémica entre los fan de la saga, que ya venían cruzados con la ausencia de Ron Gilbert en el proyecto. Lo cierto es que el estilo pixelado y escaso detalle de Monkey Island 1 y 2 dejaba bastante a la imaginación sobre el aspecto que podrían tener los personajes, así que este nuevo estilo rompía el imaginario particular sobre la imagen de los personajes. Curiosamente, en 2022 volvió a haber una polémica similar con The Return to Monkey Island y su nuevo apartado visual. En mi opinión particular, el estilo de esta tercera entrega me pareció un acierto en su época y me sigue gustando a día de hoy. Los gráficos han envejecido muy bien y, aunque se le noten algunas costuras, siguen siendo uno de los puntos más disfrutables de esta entrega.



Control contextual

Otra de las grandes novedades fue la renovación del control. The Curse of Monkey Island abandona la caja de verbos, que ya se sentía anticuada, y la sustituye por un menú de acciones contextuales que aparece al mantener pulsado el cursor sobre un elemento. En dicho menú aparecen las acciones representadas por tres iconos: Unos ojos, una mano y el pico de un loro, que buscan que el control sea intuitivo y no tan explícito como con la caja de verbos. Las acciones no se limitan a mirar, coger y hablar, sino que cambian en función del elemento seleccionado. El pico del loro puede ser “hablar” cuando interactuamos con otro personaje, pero puede ser “comer” si estamos hablando de un alimento. Lo cierto es que el sistema de control ha envejecido muy bien y se sigue sintiendo vigente.

The Curse of Monkey Island repite el modelo de Monkey Island 2, donde podemos seleccionar entre dos modos de dificultad. Uno normal y otro nombrado como “Mega Monkey”. Aunque la verdadera experiencia es jugar al modo difícil, el modo normal funciona como un acceso a jugadores novatos en el género de las aventuras gráficas. Si estás experimentado en este género, lo recomendable es directamente al modo difícil, ya que el otro no te va a resultar ningún desafío.



Otra de las cosas que esta entrega recupera son las peleas de insultos, pero esta vez en alta mar. Si en el primer Monkey Island debíamos vencer a la Maestra de la Espada. Aquí tendremos que derrotar al capitan Rottingham. Al igual que en el primer título, no podremos vencerle directamente, sino que antes tendremos que aprender insultos y respuestas a base de enfrentarnos a rivales más débiles. La novedad es que aquí se añade la mecánica de los combates de barcos. Para poder enfrentarnos a un duelo de insultos con los piratas, primeramente debemos combatir y vencerlos en un combate naval a cañonazos. Se trata de un minijuego donde el barco se controla con el ratón y nuestros cañones tienen un alcance limitado, pero podremos mejorarlos con los tesoros que robemos a los piratas que vayamos venciendo. Entiendo que la inclusión de esta mecánica busca marcar diferencias con el primer Monkey Island, pero la verdad es que se siente un poco fuera de lugar en una aventura gráfica. Aparte de que el control es bastante tosco. No es algo que arruine la experiencia porque solo es una parte puntual del juego, pero no es exactamente lo que esperas en este género.

El juego también recibió críticas en su momento porque algunos fans consideraron que se notaba la ausencia de Ron Gilbert en el humor que caracterizaba a la saga, pero personalmente creo no es tan determinante. The Curse of Monkey Island conserva la esencia y en todo momento tienes la sensación de estar jugando a un Monkey island. De hecho, a pesar de todos los palos que se llevó en su día, hoy es considerado como uno de los mejores exponentes del género de las aventuras gráficas.