Tras el éxito de Theme Park, en 1997 Bulfrog redobló la apuesta con otro simulador económico con una temática totalmente opuesta. Si en su anterior título debíamos crear un parque de atracciones donde la gente se lo pasase bien, ahora nos tocaba gestionar un lugar a donde nadie quiere ir, un hospital.

Un hospital delirante
En contra de lo que pudiera presuponerse, Theme Hospital es un juego con una enorme carga cómica. Las enfermedades son completamente disparatadas para rebajar el drama que puede suponer la visita al médico y convertir un evento desagradable en una situación sorprendentemente divertida.
Dentro del catálogo de dolencias podemos encontrar cosas tan locas como la cabeza inflada, provocada por oler queso; el complejo del rey, donde los pacientes se creen que son Elvis Presley y se visten como él; o la mítica “arguiñanitis”, una de las mejores localizaciones al español que recuerdo en un videojuego, haciendo referencia al famoso cocinero Karlos Arguiñano. Esta enfermedad conocida como “personalities” en la versión en inglés, consiste en creerse un presentador famoso por ver demasiados programas de televisión, pero en la versión española se adaptó a la cultura popular local de una forma magistral. El chiste no solo está en las enfermedades en sí, también en la cura. La arguiñanitis, por ejemplo, la cura el psicólogo convenciendo al paciente de que se compre una radio. Podría enumerarlas todas, pero en el juego van a apareciendo de forma escalonada y parte de la gracia está en dejarse sorprender conforme llegan pacientes con nuevos trastornos.

Un sistema sanitario simplificado
La mecánicas se asemejan a grandes rasgos a las de un hospital real. Primero hay que diagnosticar la enfermedad y después aplicar una cura. Contamos con diferente salas, tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. Pueden ser dolencias físicas o psicológicas y tendremos diferentes formas de curar, ya sea con una pequeña intervención, con un medicamento, con una sesión de terapia o con una operación. Obviamente todo está simplificado y el proceso es muy corto en comparación a lo que sería en la vida real. La premisa del juego es que cada paciente salga curado en su primera visita. Si no lo conseguimos el paciente se marchará enfadado o, en casos más graves, puede llegar a morir con nefastas consecuencias para la reputación de nuestro hospital.
Para ganar dinero disponemos de cuatro vías. La principal es a través de diagnósticos y tratamientos. Cada vez que completemos alguno de los dos recibiremos una cantidad de dinero. Cuanto mayor sea nuestra reputación, más gente vendrá a nuestro hospital. Esta reputación la ganamos curando rápido a los pacientes y manteniendo limpias y confortables las instalaciones. Otra de las formas de conseguir dinero es a través de las emergencias. Son eventos opcionales en los que tendremos que atender a un determinado número de pacientes en un periodo concreto de tiempo. La tercera forma es a través de premios anuales, donde se nos otorgará una cuantía de dinero si conseguimos ser los mejores en algún ámbito respecto a nuestros competidores. Podemos ganar premios si mantenemos el hospital limpio, por eficiencia, por mantener las muertes a cero, etc. Pero también nos pueden sancionar si hacemos las cosas mal. Por último, tenemos una vía residual de ingresos que viene las máquinas expendedoras de bebida, que en realidad sirven más para aumentar el confort de los pacientes que para ganar dinero, pero algo es algo.

Una carrera como gestor de hospitales
A lo largo del juego gestionaremos diferentes hospitales que funcionan a modo de escenarios. En cada uno debemos completar unos objetivos. Una vez superados podremos pasar al siguiente nivel, donde tendremos que volver a empezar a construir desde cero y nos enfrentaremos a nuevas enfermedades. A esto hay que añadir una pequeña complicación, y es que no tenemos catalogadas todas enfermedades. De vez en cuando llegará algún paciente con una dolencia desconocida y tendremos que descubrir qué le pasa. Para poder diagnosticarlas y curarlas tendremos que construir una sala de investigación que nos permita identificarlas y desarrollar un tratamiento. Estas investigaciones nos darán acceso a nuevas salas y equipamiento para llevar a cabo nuestro cometido.
Debemos prestar atención a las comodidades, tanto para pacientes como para nuestro personal: asientos para que no esperen de pie, radiadores para tener una temperatura agradable, plantas para hacer una estancia más acogedora, extintores por seguridad y máquinas expendedoras para saciar la sed de pasar tanto tiempo esperando. Todo esto influirá en la satisfacción del cliente y ayudará a nuestra reputación. Por otra parte, debemos prestar atención al estado de ánimo de nuestro personal, que nos exigirá aumentos y descansos, para los que les podemos proveer de una sala de personal con sofás, televisión y otros entretenimientos. Desatender a nuestro personal desembocará en dimisiones o, mucho peor, en errores médicos con nefastas consecuencias para nuestros pacientes y nuestra imagen pública.

