En 1997, Smoking Car Productions lanzó The Last Express, una aventura muy diferente a los juegos de su época. Algo cercano a una película interactiva que trascurría en el mítico Orient Express.
El tiempo como forma de avanzar la trama
The Last Express es una aventura gráfica en primera persona en la que el tiempo es un factor determinante. Las mecánicas aquí no pasan principalmente por resolver puzles complejos, combinaciones de objetos ni opciones de diálogo. A diferencia de las aventura gráficas tradicionales, el avance no se produce únicamente por nuestras acciones, sino que los eventos ocurren de forma inevitable por el trascurso del tiempo. Por ello tenemos un reloj que nos marca la hora y que nos servirá como referencia en algunos momentos. Esto influye directamente en la jugabilidad, ya que será nuestra interacción durante estos periodos la que determine cómo termina la historia. En ocasiones tendremos que realizar alguna acción antes de que suceda un evento y otras tendremos que esperar para que los acontecimientos se desencadenen. El caso es que no siempre sabemos qué tenemos que hacer ni a qué esperar. The Last Express es un juego de paciencia y observación. La cosas ocurrirán aunque no estemos presentes. Los pasajeros y la tripulación tienen rutinas. Por eso tenemos que estar constantemente pendientes del entorno, escuchando conversaciones ajenas y vigilando los comportamientos de los pasajeros. El tren es un lugar vivo en constante cambio y debemos recorrerlo repetidamente para encontrar nueva información.
Hay mucho de ensayo y error en esta aventura y es que, por acción o por inacción el juego puede terminar antes de tiempo. Y va a ocurrir con frecuencia. Tirar de una palanca que no debes, no llegar a tiempo al camarote, no esconderte antes de que te encuentren, etc. Son cosas que harán que te expulsen del tren y no termines tu misión. Incluso en alguna ocasión puedes morir. Ahora bien, cuando esto pasa el juego te permite retroceder el tiempo hasta el punto anterior al error. Así que puedes probar cosas de forma indefinida hasta que consigas que la historia avance. El juego te permite solicitar pistas para guiarte de manera sutil, pero si quieres exprimir la experiencia no recomiendo usarlas a no ser que te atasques de verdad y ya no se te ocurra qué hacer. A esto hay que añadir que el juego tiene diferentes finales. Para sacarlos todos vas a necesitar una guía, pero al igual que las pistas solo la consultaría en caso de extrema necesidad o una vez ya hayas terminado el juego y vivido la experiencia sin ayuda.

La historia: falsas apariencias en en un espacio reducido
Todo el trascurso de The Last Express ocurre dentro del tren. Solo hay cinco vagones y apenas podemos acceder a algunas partes. Esto puede parecer un inconveniente pero, teniendo en cuenta sus mecánicas, su reducido diseño tiene todo el sentido. Si los acontecimientos ocurren independientemente de que estemos presentes, un escenario demasiado grande aumentaría la dificultad de estar en el momento preciso cuando se nos requiere. Un espacio pequeño nos ayuda a centrarnos y dificulta que nos disolvamos en explorar lugares irrelevantes.
Pero su pequeño escenario no solo influye en su jugabilidad, también contribuye a generar un entorno claustrofóbico, opresivo e incluso paranoico. Cuando nos cruzamos con alguien en los estrechos pasillos, podemos ver como nos mira mientras se aparta para pasar por el lado. Estos pequeños detalles son especialmente inquietantes porque nadie en el Orient Express es quien aparenta ser, ni siquiera nosotros.
La historia de The Last Express ocurre en 1914, justo antes del inicio de la 1ª Guerra Mundial. Encarnamos a Robert Carth y embarcamos en el Orient Express tras recibir una carta de nuestro amigo Tyler Whitney. Sin embargo, al reunirnos con él descubrimos que ha sido asesinado, por lo que decidimos adoptar su identidad para descubrir que está pasando en el tren.
Gráficos de película de animación
Su apartado gráfico sigue estando vigente. Es una mezcla de gráficos pre-renderizados y rotoscopia. Los gráficos pre-renderizados se utilizan para los escenarios, mientras que la rotoscopia sirve para recrear a los personajes, dándoles una gran expresividad a las caras. Siendo una aventura en primera persona, la expresiones faciales cobran gran importancia y aumentan la inmersión en la historia. Es cierto que las ilustraciones son bastante simplonas, pero forma parte del encanto de sus apartado artístico. Como resultado de todo esto, The Last Express tiene una apariencia de película de animación interactiva que fue muy llamativa en su momento y que ha envejecido bastante bien. Podría ser el arte de un juego indie actual.

Hay que acostumbrarse al control
Sin duda alguna, lo que peor ha envejecido son sus controles. Su vista en primera persona aumenta la inmersión, pero dificulta la forma de movernos por el tren. Como los escenarios son pre-renderizados no podemos girar libremente la cámara, sino que seleccionamos vistas predeterminadas a través de flechas que aparecen en pantalla de manera contextual. El movimiento es una ilusión óptica conseguida a base de fotogramas estáticos por los que nos movemos al pulsar las flechas. Un sistema muy anticuado que hace complicado orientarse o saber a qué parte de la estancia estamos mirando. Es fácil desorientarse incluso dentro de un camarote que tenga varias puertas. Con frecuencia vamos a ir hacía el lugar equivocado al que queríamos porque hemos perdido la referencia al cambiar de vista para inspeccionar algo. Por suerte, el tren no es muy grande y acabamos memorizando los lugares a base de visitarlos con frecuencia.
Un clásico de culto que fue un fracaso comercial
Para el año de su lanzamiento, la popularidad de las aventuras gráficas ya estaba en declive. A esto hay que sumar que la distribuidora, Broderbund, no supo muy bien cómo venderlo. Sus mecánicas estaban adelantadas a su tiempo y no encajaba en una categoría específica. No era un juego fácil de explicar con pocas palabras y no había referentes similares con los que compararlo. Pero su mayor problema fue su coste de desarrollo, alrededor de 5 millones de dólares, una cifra muy elevada para una aventura gráfica. El motivo fue el uso de la técnica de la rotoscopia. Requirió de dibujar a mano cientos de imágenes que encarecieron el desarrollo de forma desorbitada. Broderbund necesitaba vender millones de copias para que el juego fuera rentable, pero nunca ocurrió. Smoking Car Productions quebró al poco tiempo del lanzamiento y el juego se convirtió en una joya difícil de conseguir durante un tiempo. Por suerte hoy es muy fácil de encontrar en formato digital.




Imagen cabecera: Wallpaper inspirado en la carátula de The Last Express extraído de GOG.com
