una pesadilla para el jugador

Los Simpsons alcanzaron su pico de popularidad en los 90 y trajeron consigo una retahíla de juegos licenciados de dudosa calidad para aprovechar el tirón del éxito. Bart’s Nightmare es el resultado de exprimir la gallina de los huevos de oro en la que se convirtió la serie.

AÑO DE LANZAMIENTO

1993

PLATAFORMAS

Mega Drive y Super Nintendo

¡peligro! juego con licencia

Como si fuera un paquete de tabaco, esta advertencia es la que me hubiera gustado ver en la portada cuando se me ocurrió alquilarlo en un Blockbuster. Me hubiera gastado las 300 o 400 pesetas que costaba en acudir a los frutos secos más cercanos y atiborrarme a cosas llenas de grasas saturadas y azúcares refinados. Pero no fue así, el juego se vino a casa conmigo el fin de semana. Lo había visto en una revista años atrás y me había llamado la atención. Así que ¿Por qué no?Yo aun no sabía que había que poner en cuarentena a los videojuegos basados en películas o series de éxito. Con mucha frecuencia, solo buscan aprovecharse de su marca para vender un producto mediocre. Y sí, este era el caso.

En 1993 la serie ya era un fenómeno mundial con multitud de merchandising en muchos ámbitos, entre ellos, los videojuegos. Lo curioso es que Los Simpson eran una serie para adultos mientras que los videojuegos, por aquella época, eran un producto para niños. Quizás sea el motivo de que la mayoría de juegos que se hicieron de Los Simpsons tenían como protagonista a Bart, un personaje con el que se pudieran identificar.

un argumento original

Hay que reconocer que la idea no estaba mal. Bart se dormía mientras estaba haciendo los deberes y teníamos que recuperar sus tareas dentro de su pesadilla. No tenía mucha lógica que los deberes encontrados en su sueño se trasladasen a la realidad, pero el argumento servía como excusa para poner a Bart en diferentes situaciones y a multitud de ideas locas que no aparecían en la serie. El problema es que la ejecución fue regulera. ​Bart’s Nigthmare nos engañó un poco. No era un juego, sino cinco minijuegos a los que se accedía a través de una interfaz jugable. Todo vagamente unido con un premisa cogida por los pelos.

La mecánica resultaba confusa. El juego nos situaba en una calle de Springfield en la que nos acechaban toda clase de peligros: el autobús escolar a toda velocidad, buzones asesinos, cabezas flotantes de Jebediah Springfield o Lisa intentando convertirnos en rana. Todo era hostil y solo podíamos lanzar pipas de sandía y globos de chicle. No estaba muy claro qué había que hacer en el juego, ya que no había indicaciones de ningún tipo. La confusión aumentaba cuando descubríamos que podíamos movernos en scroll tanto a derecha como a izquierda, algo completamente inusual en su momento.

En realidad esta fase solo era de tránsito entre minijuegos. Teníamos que esperar a que apareciera una hoja de deberes y ponernos encima. Una vez hecho, teníamos que elegir entre dos puertas de diferentes colores. Cada color nos llevaba a un minijuego diferente. Una vez terminado el minijuego volvíamos a la calle de Springfield, hubiéramos tenido éxito o no. La fase de tránsito se volvía aburrida al poco tiempo y llegaba a desesperar el hecho de que las hojas de tareas no aparecieran con mucha frecuencia.

BART'S NIGHTMARE EN IMÁGENES

la serie en tu consola

Lo más salvable de Bart’s Nightmare era su apartado gráfico. Los personajes estaban muy bien representados y el juego lucía un aspecto tan colorido como la serie. Eso sí, con las limitaciones de resolución de las máquinas de 16 bits.

Los peligros del Springfield onírico

Cualquier elección es mala

Dentro del torrente sanguíneo

La dificultad infernal del templo de Maggie

El Barto y su fase shoot’em up

Bart contra Rasca y Pica

Debíamos encontrar los deberes antes de despertar

El fatídico momento de las notas

dificultad de pesadilla

Bart’s Nightmare era un juego absurdamente difícil, más aun teniendo en cuenta su publico objetivo. Si bien es cierto que algunas fases eran asequibles, tenía otras con una dificultad desmesurada. La razón radica en su escasa duración. Estaba compuesto únicamente por 5 mini juegos, así que nos encontramos con el clásico caso de compensación: hacerlo más difícil para que dure más.

Era complicada incluso la fase de Springfield, la que servía de enlace entre juegos. Todo allí era hostil, implacable e impredecible. Morir en este escenario era muy sencillo y significaba despertarte y terminar el juego, por lo que estábamos obligados a memorizar los patrones de los enemigos si queríamos sobrevivir mientras aparecían los deberes.

recompensa insuficiente

Recuperar los deberes tenía un impacto en la notas de Bart. El juego tenía un sistema en el cual, cuantas más hojas y puntos consiguiéramos, mejor serían sus notas. Al finalizar el juego aparecía una pantalla con toda la familia frente a la nevera, observando la calificación.

El final era el mismo tanto si recuperabas todo, como si te mataban en 5 minutos. Lo único que cambiaba eran las caras de la familia: enfadados si las notas eran malas o felices si eran buenas. Lo que viene siendo un final muy flojo para tanto sufrimiento.

la crítica de la época

Por alguna razón, la prensa lo calificó con muy buenas notas, a la altura de grandes títulos de los 16 bits. 

HOBBY CONSOLAS

SUPER JUEGOS

¿es jugable hoy?

Personalmente, se me ha hecho bola rejugarlo para hacer este artículo. Es una pena porque gráficamente está muy chulo, pero la jugabilidad es un dolor de muelas que no deja disfrutarlo.