El éxito de las aventuras de Lucas Arts trajo consigo una tendencia a replicar su fórmula. 3 Skulls of the Toltecs era una versión española de los títulos clásicos de Point & Click.

En 1996, el madrileño estudio Revistronic lanzó esta aventura gráfica que mezclaba el estilo cartoon y el tono humorístico del género con el Spaghetti Western. Un divertido título que vendió unas 200.000 copias, un éxito moderado, pero considerable tratándose de una aventura gráfica. Curiosamente, solo 25.000 de esas ventas se produjeron en España. En 2019 se publicó un remaster con los gráficos escalados a HD, un filtro que elimina los dientes de sierra del original, un sistema de logros y compatibilidad con hardware actual. Aparte de eso, el juego es exactamente el mismo, así que es el que he utilizado para esta review.

EL SALVAJE ESTE AL ESTILO MONKEY ISLAND

No hay que pasar muchos minutos jugando a 3 Skulls of the Toltecs para darte cuenta de su profunda inspiración en la saga de Lucas Arts. Un protagonista bobalicón, gráficos simpáticos, humor absurdo y la búsqueda de un gran tesoro. En este caso, abandonamos las islas del Caribe para adentrarnos en el Salvaje Oeste, con todos los tópicos del género. Nos ponemos en la piel de Fenimore Fillmore, un vaquero bastante pardillo al cual el azar le lleva embarcarse en la búsqueda de un tesoro. Al llegar a Big Town nos vemos envueltos en un tiroteo donde un mercader es atacado. Antes de morir nos hablará de las 3 calaveras de oro y del tesoro tolteca que esconden, entregándonos una de ellas. A partir de ese momento podemos empezar a buscar las pistas que nos lleven a recuperar las tres reliquias.

JUGABILIDAD CLÁSICA

Sus controles son los clásicos del género, incluso utiliza el cuadro de comandos típico de Scumm, aunque no está desarrollado con este motor gráfico. Es curioso porque para la fecha en en que salió el juego, el cuadro de acciones era un sistema que se veía algo anticuado y ya estaba siendo sustituido por las opciones contextuales. No obstante, funciona bien y tiene algunas acciones agrupadas para simplificar el control. Donde más chirría el juego es en el diseño de algunos escenarios y las innecesarias caminatas que a veces se pega el bueno de Fenimore. En algunas localizaciones tenemos que dar unos rodeos absurdos que ralentizan el juego, pero tampoco es algo que arruine la experiencia. También se echa en falta un mejor diseño del inventario. El espacio es algo reducido, muestra pocos objetos y para movernos por él hay una flechas bastante pequeñas que no son lo más usable del mundo.

Su mecánica es muy similar a las aventuras gráficas tradicionales. Nuestras tareas son las típicas: recoger objetos, hablar con gente e interactuar con el entorno para avanzar en la historia. Es una aventura con un componente conversacional muy grande. Muchas situaciones se resuelven eligiendo respuestas concretas que se activan al hablar con otros personajes, así que estamos casi obligados a hablar con todo el mundo y agotar todas las opciones de diálogo. No son los puzles más divertidos del juego. Su resolución es menos deductiva y, por lo tanto, menos satisfactoria que los puzles a base de objetos. En cuanto al resto de puzles, resultan bastante familiares si has jugado a algún título de Lucas Arts. Al incluir humor absurdo, algunos puzles se escapan de la lógica, pero forman parte del encanto del juego

Su dificultad se basa más en la amplitud del mapa que en los puzles en sí. El juego supone un reto moderado, aunque hay algunos puntos propensos a quedarnos atascados. Desde el comienzo del juego podemos visitar casi todas las localizaciones. No seguimos un trayecto secuencial, casi todos las tareas están abiertas y cualquier item que cojamos puede servir para resolver una tarea en cualquier parte del mapa. Esto reduce la sensación de viaje y aventura, pero aumenta su dificultad, ya que abre mucho las posibilidades y nos tiene moviéndonos de un lado a otro buscando alguna interacción que nos permita avanzar.